El océano parece silencioso desde la superficie, pero bajo el agua es otra cosa. Cuando una manada de delfines pasa cerca, el agua vibra con clics, silbidos y sonidos que no tienen traducción directa en ningún idioma humano. Lo que sí está claro es que se están comunicando, y que lo hacen con una complejidad que los científicos llevan décadas intentando entender.
Esto es lo que sabemos hasta ahora.
El silbido firma: cada delfín tiene su nombre
Uno de los hallazgos más sólidos de la biología marina es que cada delfín desarrolla, durante sus primeros meses de vida, un silbido propio e irrepetible. Los investigadores lo llaman silbido firma, y funciona de forma parecida a un nombre.
Ningún delfín tiene el mismo silbido. Es una melodía acústica que desarrollan ellos mismos, no una imitación de lo que escuchan, y los acompaña durante toda su vida.
Estudios con delfines en cautividad han demostrado que son capaces de reconocer el silbido de un compañero con el que convivieron décadas atrás. La memoria social de estos animales es extraordinaria.
Cuando un delfín quiere comunicarse con otro en concreto, imita su silbido firma para llamar su atención. Las madres usan este sistema para localizar a sus crías en aguas abiertas.
Clics y ecolocalización: ver con el sonido
Además del silbido, los delfines emiten ráfagas de chasquidos muy rápidos llamados clics. Estas ondas sonoras rebotan en los objetos del entorno y regresan al animal, que las procesa en un órgano graso de la frente llamado melón.
El sistema es tan preciso que no solo les permite detectar la posición de un pez o la forma de una roca: también pueden percibir su densidad y estructura interna. Es capaz de distinguir entre una bola hueca y una sólida del mismo tamaño a distancia. Los investigadores llevan años intentando replicar algo similar con tecnología y aún no han llegado al mismo nivel de resolución.
Un delfín puede "ver" con el sonido con mayor detalle del que nosotros vemos con los ojos en un día despejado.
El lenguaje del cuerpo
La comunicación no es solo acústica. Los delfines tienen un repertorio gestual amplio que complementa lo que dicen con la voz.
No saltan solo por diversión, aunque también. Los saltos sirven para señalizar al grupo, avisar de la presencia de comida o comunicar algo a distancia cuando el sonido bajo el agua no es suficiente.
Acariciarse con las aletas pectorales es habitual dentro de una manada. Refuerza los lazos entre individuos y forma parte del mantenimiento de las relaciones sociales, algo que en los delfines es tan importante como la caza.
Cuando un delfín saca la cabeza verticalmente del agua y mira a su alrededor, los investigadores lo llaman spy-hop. Es una forma de orientarse y compartir información visual con el resto del grupo sobre lo que hay fuera del agua.
Lo que hace todo esto especialmente interesante es que los delfines no solo se comunican para sobrevivir. Tienen relaciones sociales complejas, con amistades que duran años, alianzas entre grupos y conflictos que se resuelven mediante señales muy específicas. No muy diferente de cómo funcionamos nosotros.
En Palm-Mar los vemos casi cada semana. Cada vez que una manada rodea el kayak, me pregunto qué están diciendo.